Una vida entregada al trabajo en la mina – la importancia del Seguro Complementario por Trabajo de Riesgo.

Autor: Edilberto Marca H.
Abogado de Marca & Palomino abogados
En lo alto de la sierra peruana, donde las montañas parecen vigilar en silencio y el viento corta la piel como un recuerdo antiguo, vivía Pedro Genaro. Cada madrugada, antes de que el sol asomara entre los cerros, Pedro se levantaba con el mismo ritual de siempre: un mate caliente, una mirada al cielo gris y el beso silencioso a su esposa aún dormida. Luego emprendía el camino hacia la mina Sierra Morena, su segundo hogar durante más de treinta y cinco años.
Pedro no conocía otro oficio. Desde joven aprendió a escuchar el rugido de la maquinaria en el socavón, a distinguir el peligro en el crujido de la roca y a confiar su vida a un casco, una lámpara y una mascarilla. La empresa le entregó siempre los equipos de seguridad que la ley exigía, y él los usó con disciplina, convencido de que eso bastaría para protegerlo. Sin embargo, la mina guarda heridas invisibles.
Año tras año, las evaluaciones médicas obligatorias llegaban puntuales. Pedro salía de ellas con el mismo resultado: sin observaciones. Eso le daba tranquilidad. “Estoy fuerte todavía”, decía sonriendo, mientras pensaba en sus hijos y en el pequeño terreno que algún día quería dejarles. Pero el polvo, ese polvo fino que se colaba en los pulmones como una sombra persistente, no avisa cuando empieza a quedarse.
Pasaron más de veinte años hasta que el cuerpo habló. Al principio fue un cansancio extraño, luego una tos que no se iba, y finalmente la verdad: neumoconiosis. Una palabra dura, pesada, como la roca que Pedro había enfrentado toda su vida. Una enfermedad degenerativa, incurable, silenciosa. La empresa, al conocer el diagnóstico, lo trasladó a un puesto menos exigente.
Ya no bajaba al socavón, pero el daño estaba hecho. Pedro sintió miedo; no por él, sino por su familia. Pensó en el futuro, en los días en que el aire le faltara más. Pero la ley peruana, esa que muchas veces parece lejana sobre todo para los que más lo necesitan, esta vez estuvo presente. La empresa tenía contratado el Seguro Complementario de Trabajo de Riesgo (SCTR), y tras acreditarse que la enfermedad fue consecuencia de su labor, la aseguradora privada asumió su responsabilidad.
La pensión vitalicia no le devolvió la salud, pero le dio algo igual de valioso: dignidad. Pedro ya no podía trabajar como antes, pero podía sentarse frente a su casa, mirar los cerros que lo vieron partir cada mañana y saber que su esfuerzo no fue en vano. Que el sacrificio de respirar polvo durante décadas no quedó en el olvido.
Hoy, cuando el viento recorre la sierra y levanta la tierra del camino, Pedro respira despacio. Sus pulmones están cansados, pero su conciencia está en paz. Porque su historia, como la de muchos mineros del Perú, es la historia de hombres que entregaron su vida al trabajo, y que merecen ser recordados no solo por lo que produjeron, sino por lo que soportaron en silencio, incluso a veces, ante la mirada despreocupada del propio empleador.
Desde una perspectiva estrictamente legal, la historia de Pedro Genaro también pone de relieve la obligación jurídica concreta y de cumplimiento obligatorio que pesa sobre toda entidad empleadora. La Ley N.º 26790, Ley de Modernización de la Seguridad Social en Salud, en su artículo 19 dispone expresamente que “el Seguro Complementario de Trabajo de Riesgo otorga cobertura adicional a los afiliados regulares del Seguro Social de Salud que desempeñan actividades de alto riesgo determinadas mediante Decreto Supremo”, y que esta cobertura es “obligatoria y por cuenta de la entidad empleadora” para proteger a los trabajadores frente a accidentes de trabajo o enfermedades profesionales.
Asimismo, el Decreto Supremo N.º 003-98-SA, que aprueba las Normas Técnicas del SCTR, establece en su artículo 1 que el SCTR “otorga coberturas por accidente de trabajo y enfermedad profesional” a los trabajadores que laboran en actividades de riesgo, y en el artículo 2 reafirma la responsabilidad de la entidad empleadora de asegurar a los trabajadores expuestos a dichos riesgos.
Estas normas no son meros lineamientos de política social: constituyen obligaciones legales vinculantes con mecanismos de supervisión y sanción frente a su incumplimiento, diseñadas para garantizar que los trabajadores que enfrentan situaciones de riesgo en sus labores — como en la minería, la construcción, la industria o el transporte— cuenten con protección integral de salud y prestaciones económicas cuando su integridad se ve afectada por el ejercicio de su trabajo.
Además, la historia de Pedro Genaro evidencia la dimensión de responsabilidad social de las empresas frente a sus trabajadores y colaboradores. Contratar y mantener vigente el SCTR no solo cumple con la ley, sino que refleja un compromiso ético y social: reconocer que el bienestar, la salud y la seguridad de quienes contribuyen al desarrollo de la empresa son una prioridad. La responsabilidad social empresarial implica que las organizaciones protejan a sus trabajadores no solo ante el riesgo laboral, sino también mediante políticas de prevención, seguridad y apoyo continuo, consolidando un entorno de trabajo digno, seguro y respetuoso con los derechos fundamentales de cada persona.
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